ANTECEDENTES DE LA
FRATERNIDAD CISTERCIENSE DE SANTA MARÍA DE LA OLIVA
Cada uno de nosotros nos fuimos acercando a
la Oliva por motivos diferentes. La vida nos empujaba a cada
uno para que buscásemos "algo". ¿Qué? Creo que ni nosotros
mismos lo sabíamos. No obstante, había algo común:
búsqueda.. búsqueda interior... el sentido de la vida...
Dios...
La relación con la comunidad generó un clima de amistad. De
ahí se produjo un intercambio de experiencias.
Esta fase inicial culmina con un proyecto
de carta de Cofraternidad fechada el 30 de enero de 1999.
Destacamos un apartado de la misma que dice: Los
miembros de la Fraternidad Cisterciense de Sta. María de la
Oliva deseamos establecer un lazo espiritual con la Abadía
Cisterciense de Sta. María de la Oliva participando de sus
bienes espirituales. Dicho lazo de adhesión es
personal.
Profundizamos en la espiritualidad
Cisterciense abordando temas como el "ser unificado" o
necesidad de unión con lo divino, espíritu contemplativo,
comunidad, fraternidad, la obediencia, la escucha activa, la
vida litúrgica, la lectio divina, el silencio, la áscesis,
el trabajo y la oración (ora et labora), la acogida, la
escuela de caridad, apostolado, etc.
Todos los temas anteriormente mencionados,
al principio nos parecían exclusivos y excluyentes de los
monjes y que nada tenían que ver con nuestras vidas.
Descubrimos con el tiempo que todos lo valores del Cister se
pueden vivir en la sociedad y esta es nuestra razón de ser.
Este proceso culmina con una organización y
estructura básica incipiente con un documento base
denominado Carta de Vida.
De esta manera, este proyecto de llamado
Fraternidad, responde a una necesidad histórica de vivir la
espiritualidad y unión con Dios, desde el lugar y momento
donde a cada uno de nosotros nos ha tocado vivir.